¿Quién es Mordomo Lunfardo?

Todo Quijote ha de tener un Sancho Panza. Alguien que le recuerde que es mortal y que está tomando las decisiones más inadecuadas en los momentos menos adecuados. Mordomo Lunfardo es mi amigo imaginario, y ha tenido ya intervenciones estelares en mi anterior libro de aventuras, Salí a dar una vuelta.

Como uno no decide las características de sus amigos, Mordomo tiene un irritante acento argentino. Yo no lo elegí, simplemente empezó a hablar así en mi cabeza, y así se ha quedado la cosa. Su nombre proviene de un viejo chiste interno que tenemos mamá y yo. Desde mi adolescencia, cuando nos peleábamos, acudíamos al arbitrio de un hipotético tercero, al que llamábamos “Mordomo”, el término portugués para “mayordomo”. No recuerdo por qué lo llamamos así, ni por qué empezamos a convocarlo, pero el caso es que era habitual terminar las disputas diciendo “pregúntaselo al Mordomo” o “que decida Mordomo”. Ese término quedó ahí, flotando, en mi cabeza, y durante Salí a dar una vuelta lo rescaté cuando empezó a susurrarme cosas al oído.

¿Y por qué se apellida “Lunfardo”?

El lunfardo era la jerga de los delincuentes rioplatenses que poblaban Buenos Aires allá a principios del siglo XX. El tango y la poesía se encargaron de extenderlo, primero entre las clases sociales más bajas, y después a la totalidad del área metropolitana de la capital argentina. Contaba con palabras argentinas y de origen indígena, africano, y gauchesco. Hoy se ha disuelto con el habla bonaerense.

Fabián C. Barrio